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Por qué es tan importante el liderazgo en época del COVID19

Permítanme comenzar estas líneas haciendo tres consideraciones antes de entrar a reflexionar sobre el liderazgo en estos tiempos recios que estamos viviendo.   

La semana pasada tuve la oportunidad de hablar con un neurólogo que me comentó con preocupación el incremento de pacientes que estaba viendo por problemas de estrés derivados del teletrabajo. Si esto es cierto, y no tengo porque dudarlo, parece evidente que algo tendrá que decir el liderazgo al respecto.  

La segunda consideración hace referencia a lo que me dijo hace ya mucho alguien que conoce muy bien lo que es el mundo virtual y la puesta en marcha de un negocio en la web. Me comentaba que el gran error muchas veces era pensar que lo virtual tenía un funcionamiento diferente a lo real e insistía mucho en que lo que cambiaba era el medio/herramienta y la sistemática de comunicación pero que el objetivo seguía siendo el mismo: vender lo que la tienda ofrecía.

 Si esta segunda consideración se acepta, en términos generales, parece razonable pensar que quizás no sea necesario inventar nada nuevo respecto al liderazgo en un entorno de teletrabajo como es el que ha provocado la pandemia, sino tan sólo comprender lo que implica el teletrabajo y cómo puede afectar a las personas, y actuar en consecuencia manteniendo en esencia lo que implica liderar.  

La tercera consideración me la relataba días atrás un buen amigo, con amplia experiencia en el sector financiero. Me contó la historia de cómo un colaborador con el que coincidió durante varios años, cuando se le solicitaba en la evaluación anual y respecto a los objetivos personales y profesionales de cara al futuro, siempre escribía que no tenía especial interés en promociones internas o en ascender, sino “poder trabajar a gusto” y así durante todos los años en los que coincidieron.

Cómo es el liderazgo en tiempos de coronavirus  

Pues bien, desde estas tres consideraciones me gustaría poner negro sobre blanco algunas reflexiones acerca del liderazgo, con o sin pandemia.  

Liderar, a mi juicio, es: 

  • Trabajar desde la autoridad, es decir la capacidad que se tiene de influir en los demás para conseguir unos resultados. 
  • Es ejemplaridad, coherencia, honestidad y sentido de servicio para con los colaboradores.  
  • Es respeto a unos principios irrenunciables siendo el primero de ellos “primun non nocere” (lo primero no hacer daño) porque se tiene muy claro en la cabeza que las personas no son un recurso ni un medio, sino un fin en sí mismas. Es la persona quien marcará la diferencia (para lo bueno y para lo malo). Liderar es ser plenamente consciente de que cuando se trabaja con personas siempre se está caminando sobre terreno sagrado.   
  • Liderar es conocer a las personas con las que se trabaja y tratarlas de manera individualizada conociendo el momento que vive cada una de ellas en lo personal (siempre que ello no suponga invadir espacios de intimidad), en lo profesional y actuar tal y como nos recomienda el modelo situacional.  
  • Y claro, liderar no es fácil. El problema es que quizás no todo el mundo valga para ello por todo lo que exige, dado que a mi juicio liderar conlleva más obligaciones que derechos si se me permite la expresión, o más exigencias que beneficios.  

A partir de esa convicción hablar sobre liderar en tiempos de pandemia y de teletrabajo no debiera ser una tarea muy complicada salvo que queramos complicarlo de manera notable.  

Cómo afecta los cambios al liderazgo

No obstante, si hay que admitir que el distanciamiento, la ausencia de un contacto visual al que estamos acostumbrados, la carencia de interacciones diarias propias del puesto de trabajo en la oficina, etc., todas ellas realidades que nos ha traído la pandemia suponen cambios que no debieran de afectar a lo esencial del liderazgo, como ya he señalado con anterioridad sino a los aspectos algo más accesorios. Lo que a mi juicio supone todo ello es un mayor nivel de exigencia para quien ejerce el liderazgo. 

Conocer a las personas con las que se trabaja, saber si tienen las competencias necesarias para trabajar en la distancia y solos ante la pantalla (porque no todo el mundo reacciona igual ante una situación así); conocer las posibles circunstancias personales y familiares en las que vive esa persona y como le pueden afectar en el desempeño de su trabajo y a partir de ahí analizar que se puede hacer para servir y ayudar como líder, y cómo distribuir la carga de trabajo sin que ello supongo echar más sobre las espaldas de otros. Aquí sí que se puede poner en marcha la empatía, tanto que se habla de ella. 

Comunicarse y relacionarse con más frecuencia. No es posible que todo vaya igual que cuando se coincidía en el mismo espacio físico, pero se pueden hacer cosas sin resultar agobiante. Estar disponible para escuchar. La tecnología está permitiendo la conexión desde cualquier lugar y facilita el trabajo individual, pero puede generar sensación de aislamiento y eso el liderazgo debe evitarlo.  

Hacer todo lo necesario para evitar que la jornada de trabajo se prolongue de manera innecesaria y no caer en la dinámica de la continuidad por la continuidad. Evitar el presentismo en la silla de casa. Evitar el estrés al que hacía referencia el neurólogo al que mencionaba al principio de este texto. 

El papel del liderazgo en época del COVID

Conseguir que, pese a las muchas dificultades que el teletrabajo pueda estar suponiendo al haber tenido que ponerlo en marcha de forma inmediata, el colaborador se sienta cómodo y a gusto. Será necesario hacer un mayor esfuerzo para que los colaboradores encuentren sentido en su trabajo y trabajen a su vez con sentido. 

Trabajar con las personas de manera individual, pero seguir considerando que existe un equipo que tiene unos objetivos comunes y unos valores o principios compartidos. Ese equipo debe seguir comunicándose entre ellos como una excelente manera de apoyo y colaboración. Y eso ha de favorecerlo quien ejerce el liderazgo.  

Quien ejerce el liderazgo ha de conocer fortalezas y debilidades, trabajar con ellos como en la construcción de un puzzle, cada pieza ha de ir en un lugar y no en otro. Y ojo, el puzzle no está compuesto por sencillos cuadrados que siempre encajan de forma simple. 

En definitiva, ejercer el liderazgo en tiempos de pandemia no me parece a mí que exija un cambio sustancial o la creación de un nuevo paradigma acerca del liderazgo. Creo que lo que exige es más trabajo, más esfuerzo, más servicio y más disponibilidad. El listón está ahora más alto. 

Quizás la clave estará en ver si todos los que ejercen liderazgo lo están sabiendo hacer y qué ayudas van a necesitar.  

Emilio González quirós, docente del Master en RRHH de IMF Business School.

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