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Las principales causas de accidentes de tráfico

En la actualidad, los accidentes de tráfico están a la orden del día. Los vehículos , ya sean de transporte de mercancías o de transporte personal o de clientes, contemplan unas características que limitan los daños en caso de accidente.

Pero que los limiten y pongan en manos de los usuarios herramientas para que no ocurran estos daños no quiere decir que los usuarios, por desconocimiento, temeridad u otras situaciones, no los empleen o pasen por alto.

A continuación, pasamos a revisar algunos de los riesgos o causas más importantes de accidentes en las vías de circulación con vehículos a motor.

La velocidad

Entre las causas de accidente imputables al factor humano, la velocidad tiene una gran trascendencia.

Según las estadísticas de la Dirección General de Tráfico, cerca del 13 % de los accidentes de circulación ocurridos en vías interurbanas y más del 3 % de los producidos en vías urbanas se deben a comportamientos incorrectos del conductor por no adecuar o ajustar la velocidad a las circunstancias de cada momento, es decir, por circular a velocidad inadecuada o peligrosa, tanto por sobrepasar como por no adecuarse a la velocidad establecida o adecuada a la vía.

Estas estadísticas han mejorado mucho en los últimos años, cuando cerca del 30 % de los accidentes con víctima se debía a una velocidad inadecuada en las vías interurbanas.

Aun así, la velocidad sigue siendo esencial para la seguridad vial. Las altas velocidades exigen una mayor atención del conductor que, constantemente, tiene que ajustar o adecuar la velocidad a las distintas situaciones del tráfico.

El riesgo de accidente crece con el incremento de la velocidad porque, a mayor velocidad, se reduce el tiempo de respuesta y, por tanto, las exigencias de atención, reacción, conocimientos y control del conductor se incrementan.

Rotura de la dirección

Es esta una de las situaciones más graves en las que puede encontrarse un conductor, que deja de disponer de cualquier medio para trazar la trayectoria deseada.

Es una circunstancia que raramente se presenta, pero es una situación de peligro inminente en la que, si no es posible actuar sobre la dirección, hay que considerar cuáles son las medidas que pueden adoptarse.

Debemos tener en cuenta que la mayor parte de las direcciones de los vehículos actuales son reversibles, por lo que, una vez producida su rotura, el vehículo tenderá a seguir una trayectoria recta, con posibles desviaciones debidas a otras razones (defectos de adherencia, viento lateral, etc.).

En función de lo anterior, la actuación dependerá de la tendencia del vehículo:

  • Si tiende a mantenerse en la vía hacia una cuneta suave o con espacio posterior, la solución es relativamente sencilla: permitir la trayectoria frenando suave y progresivamente para no desviarse de aquella.
  • Si, por el contrario, el vehículo se dirige contra un obstáculo, desnivel importante o el carril correspondiente al sentido contrario, por el que están circulando otros vehículos, es posible intentar desviarlo utilizando el freno de mano bruscamente para conseguir una trayectoria diferente. Un trompo o derrape puede ser útil en determinadas circunstancias, pero contraproducente en otras, por lo que solo debe utilizarse cuando las condiciones iniciales son de extrema peligrosidad.
  • La utilización rápida del acelerador con una marcha corta, como puede ser la segunda velocidad, podría permitir también modificar la trayectoria.

Reventón de un neumático

El reventón del neumático puede producirse por un exceso de temperatura, debido a circular a excesiva velocidad con un neumático deteriorado o deformado o sin la presión de inflado adecuada. Otro tanto podría decirse de un vehículo excesivamente cargado.

También el estado del asfalto puede influir en aumentar esta posibilidad ya que, en pavimentos concebidos para acrecentar la adherencia, el rozamiento es mayor y la temperatura aumenta.

El primer síntoma es un estallido, seguido de un fuerte tirón de la dirección hacia un lado y una cierta inclinación de la carrocería.

En ese momento se comenzará a circular prácticamente sobre la llanta y, si el suelo es duro, la marcha podrá continuar; si fuera blando, por el contrario, la llanta se clavará materialmente en el suelo, ofreciendo una mayor resistencia.

Pérdida de la rueda

Es un suceso raro cuyo origen puede estar en una deficiente sujeción de las tuercas por no haberlas apretado suficientemente o por la rotura de los espárragos o tornillos de las ruedas.

El síntoma es semejante al del reventón, aunque de forma brutal, ya que no es la llanta sino el disco, el tambor o incluso parte de la carrocería los que van a rozar con el pavimento.

Los efectos son igualmente semejantes a los del reventón y, por tanto, la peligrosidad variará en relación con el lugar de donde se desprenda la rueda y del sistema de propulsión o tracción del vehículo. Los comportamientos que deben adoptarse son, por tanto, análogos.

Fallo del freno de servicio

El síntoma aparente es que, al pisar el freno de servicio, el pedal se va al fondo sin ofrecer ninguna resistencia.

Puede ser un síntoma aparente y no real, por lo que la primera medida será pisarlo varias veces, pues es posible que recupere parte de su eficacia, pero en ningún caso debe mantenerse pisado con el pie agarrotado sobre él.

Aunque la importancia del freno de servicio es extraordinaria y el conductor debe centrar sus esfuerzos en mantenerlo en perfectas condiciones, conviene que sepa que dispone de otros elementos para frenar, como son el freno motor y el freno de mano.

Entre las causas más frecuentes del fallo se pueden citar:

  • Pérdida de líquido de frenos.
  • Aire en el circuito de frenado.
  • Calentamiento excesivo.
  • Humedad excesiva.
  • Desgaste de zapatas o pastillas.
  • Acción desigual de los frenos.

Incendio en el vehículo

En caso de que se observe humo, llamas, o se detecte un olor a quemado característico, es necesario detener el vehículo lo antes posible y evacuarlo.

Un extintor de clase ABC es imprescindible. El agua en algunos casos puede agravar el incendio y, aunque no fuera así, es difícil de encontrar en el momento oportuno. En último extremo, a falta de extintor pueden utilizarse mantas, tierra, etc.

Si el fuego está próximo al depósito de gasolina o si la temperatura se ha elevado por efecto de un incendio prolongado, lo adecuado es abandonar el vehículo y alejarse lo más posible del él, pues es previsible una explosión.

En tales casos es necesario alertar a otros posibles usuarios de la vía.

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