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Desaprender para aprender: ¿por dónde empezar?

Antes de que un virus nos robara la primavera, muchos ya decían que en nuestra mente muchas cosas debían cambiar. No tenemos espacio para todo lo que funciona y lo que no, así que debemos aprender a dejarle sitio a lo que sí vale. Por eso hemos de desaprender para aprender. Recursos Humanos trata de buscar el equilibro para encajar las piezas sobre los retos que debemos superar y aportar todo lo que somos y sabemos al resto de la compañía.

Automatizamos aprendizajes, desaprendemos conscientemente

Deshacernos de lo que creemos que es lo que vale, no es sencillo. Hay veces que somos más conscientes, otras no, pero en cualquier caso, el camino para desaprender y aprender no siempre es fácil. En las organizaciones cuesta cambiar y transformar la mentalidad de viejas costumbres instaladas. Pero debemos aprender a ver con otros ojos, a abrir la mente para poder adaptarnos mejor.

Desaprender está asociado a toda aquella información que llevamos en la mochila, que está automatizada y que ni paramos a filtrar. La rutina, el ritmo de vida, las prisas en la organización no permiten darnos cuenta de lo que nos es útil y de lo que no.

Momentos para parar y desaprender

La situación que estamos viviendo estos días, nos ha hecho parar y esto ha llevado a tener que plantearnos muchas cosas. Ese parón ha obligado a muchas organizaciones a analizar su situación, relaciones, forma de reunirse, contacto con el equipo, burocracia y forma de comunicarse.

Hemos aprendido unas cosas que hacíamos sin pensar, y ahora hemos visto que quizás no son las mejores. Este es el primer paso para desaprender y aprender cosas nuevas que sí son útiles. Cuando en la organización paramos y empezamos a preguntarnos, a cuestionarnos, es el mejor de los puntos de partida para el desaprendizaje y el crecimiento. Nos sirve para darnos cuenta de quienes somos y a preguntarnos de si es realmente lo que queremos, lo que nos identifica, la forma en la que estamos trabajando para conseguir nuestros objetivos.

No podemos aprender cosas nuevas en esa área si no somos conscientes de lo que está sucediendo. Es como ocupar un espacio que está lleno de otras cosas, hay que quitarlas para dejar espacio. Y ahí es donde entra la parte más complicada, porque requiere de esa consciencia, dejar algo que nos hace sentir seguros porque lo conocemos.

Desaprender no es borrar

No se trata de olvidar lo que sabemos y hacer como si borráramos la cinta. Desaprendemos cuando somos conscientes y nos liberamos.

Desaprender para aprender significa entender nuestras propias creencias e ir dejándolas ir. En las organizaciones toca observarnos, aprovechando este parón que hemos tenido que vivir, para detectar qué creencias están siendo las causantes de que no estemos avanzando.

Alvin Toffler, un escritor que debatió mucho sobre la tecnología y la revolución digital allá por finales de los 70, dijo que los analfabetos de este siglo serían los que no supieran desaprender, dando por hecho, que debe ser como el leer y escribir de toda la vida. De hecho, en 1979 predijo que su famosa “tercera ola” sería una revolución de la información y la comunicación, de manera que todo el mundo poco a poco volvería a sus casas a trabajar. Parece que, extrañamente se está cumpliendo.

Así que, si es difícil aprender, más difícil es desaprender para aprender. Es como programar al sistema para que nos permita grabar nueva y útil información. Es decir que se borran todo atisbo de frases como “esto siempre se ha hecho así”.

Las organizaciones que crecen y evolucionan son las que tienen apertura de mente en su cultura, que son inconformistas, innovadoras y creativas y que se autocuestionan y dejan que nuevos conocimientos lleguen. Saber no significa parar y es más importante desaprender que haber aprendido previamente.

Esto va muy asociado al mundo cambiante, a los entornos laborales que estamos viviendo y cómo debemos adaptarnos desde las empresas para poder no solo sobrevivir. Hay que dar respuestas al mercado y conseguir nuestros propios objetivos.

¿Cómo desaprender para aprender?

Es importante como hemos visto ser conscientes. A partir de ahí debemos eliminar aquellas ideas, aquellas fórmulas que nos hacen restar como empresa, que nos han paralizado y no han permitido que seamos tan ágiles.

Ahora es cuando hay que desaprender para aprender porque es el momento de integrar nuevas ideas, nuevas fórmulas, de adoptar nueva información que nos permita avanzar. Que una persona cambie es difícil, que lo haga una organización lo es más. Pero hay que mirar adelante, hay que transformarse, cambiar. Y un paso muy importante es reconocer lo que identificamos que vamos a desaprender. Para colocar algo nuevo, debemos aceptar lo que se va.

Nos resistimos, porque no entendemos por qué hay que dejar de hacer cosas que parece que han ido bien, y de hecho, nos preguntamos por qué no sirve. Pero la evidencia nos pone delante del espejo y vemos que lo que antes no se veía, ahora con este parón, se muestra más nítido que nunca. Pero esta duda, ya nos pone en buen camino. Entender que el error forma parte de nuestro camino y crecimiento, que moverse es lo contrario a estancarse, que ganamos con esfuerzo constante, que debemos escuchar más.

Y aquí la clave está en comprender que somos libres de decidir cómo queremos ser y cómo vemos el mundo y nos adaptamos. Y ser críticos es algo positivo, porque sin decir no a lo que somos, miramos más allá y aceptamos otras fórmulas. No hacerlo, es evidente que nos limita.

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