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Biobots, las máquinas creadas a partir de células animales y su importancia en la ciencia

Si eres lector habitual de las secciones de tecnología de los principales periódicos, en las últimas horas te habrás sorprendido con la difusión que ha alcanzado la noticia de la creación por primera vez en la historia de la ciencia y la tecnología de biobots, o “máquinas vivientes”, tal y como las llaman algunos diarios en los textos que incluso llegaron a ocupar sus respectivas portadas digitales durante unas horas. Seguramente, bautizarlas con dicho nombre fue un acierto a nivel mediático, pero la noticia tiene una trascendencia mucho mayor que el propio invento, y por eso vamos a desarrollarla.

En primer lugar, es importante la difusión de los biobots porque demuestra el sobresaliente resultado al que lleva la interdisciplinariedad. En este caso, la de dos biólogos, Michael Levin y Douglas Blackiston, y dos expertos en robótica, Josh Bongard y Sam Kriegman, que es el campo que, por razones obvias, más nos interesa a nosotros. De hecho, es este avance una prueba concluyente de lo que disciplinas en las que formamos a aquellos estudiantes que eligen con IMF seguir su formación superior, como es el caso de la inteligencia artificial o la mencionada robótica, aportan al conjunto de la ciencia, en cualquiera de sus disciplinas.

En segundo lugar, el desarrollo de estas máquinas creadas a partir de células animales llamadas biobots es también una muestra de la importancia de que tanto a nivel privado como, sobre todo, público, se siga invirtiendo en ciencia, porque esta investigación ha sido posible gracias a la financiación del Departamento de Defensa de Estados Unidos. Creen los cuatro investigadores que los organismos reprogramables que han creado podrán servir en un futuro, lejano todavía, a distintas aplicaciones médicas y también a fines medioambientales.

Queda tiempo para ello, pero sin la inversión y el conocimiento en la materia no habría sido posible abrir esta gran ventana al futuro gracias a los biobots. La importancia de la formación, una vez más se pone en relevancia. De lo contrario, no hubiera sido posible que estos cuatro expertos consiguieran semejante hazaña a partir de dos tipos de células de la rana de uñas africana. Por un lado, han recurrido a las de su corazón, y por otro lado a las de la piel.

El importante papel de la robótica y la inteligencia artificial

¿Y qué ha hecho la robótica y la inteligencia artificial en todo esto? A través de un superordenador, los protagonistas de la investigación han simulado miles de combinaciones de agregados celulares para buscar patrones comunes de comportamiento, intentando predecir dicho comportamiento. A partir de la información obtenida, procesada, ordenada y analizada, han creado una máquina biológica con unos pocos cientos de células que apenas tiene un tamaño de medio milímetro -estamos hablando, por lo tanto, de nanotecnología-. Pese a su diminuto tamaño es capaz de moverse en una dirección determinada y puede llegar a vivir hasta una semana, ya que no se reproducen, aunque en la investigación publicada en la revista científica PNAS se plantea la posibilidad de añadir células reproductivas. “Sería un camino arriesgado. Sin embargo, puede terminar siendo una de las mejores rutas para abordar los importantes desafíos ecológicos que plantea el cambio climático”, explica Josh Bongard, uno de los cuatro expertos.

Tanto él como sus tres compañeros señalan en su publicación que tan solo es un punto de partida, por muy complejo que sea este. “Mostramos un modelo escalable para crear nuevas formas de vida funcionales” aseguran los cuatro; esto es, no deja de ser un primer paso hacia un horizonte todavía desconocido, pero como mencionábamos al comienzo del texto, se trata de una ventana enorme al mundo científico y tecnológico el que han abierto estos cuatro investigadores con la creación de los biobots, cuyo impacto es todavía impredecible. “Quizás, en el futuro, se podrían liberar en el océano grandes enjambres de biobots, para que reuniesen los microplásticos en grandes cúmulos que pudiesen ser recogidos por barcos. Al final, como los biobots son 100% biodegradables, se convertirían en alimento para la vida marina”, pone como ejemplo uno de los cuatro investigadores que han dado vida a estos organismos, Josh Bongard.

Desde luego, aunque solo el tiempo dirá el recorrido que tendrá su creación, parece claro que los principios utilizados en la investigación van a resultar muy trascendentes en disciplinas que tanto nos interesan como la robótica y la inteligencia artificial.

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Analizamos la importancia de los biobots o máquinas vivientes en la ciencia, un modelo escalable para crear nuevas formas de vida funcionales.