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Cazar mamuts, evadir impuestos

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Durante la Segunda Guerra Mundial fueron muchos los combatientes que tras haber sido ‘cazados’ por sus oponentes acabaron internados en campos de prisioneros.  Muchos militares del bando aliado fueron sometidos a encierro en los temiibles ‘stalag’ alemanes; de todos ellos destaca en la memoria el caso de Roger J. Bushell, artífice del que quizás sea el intento de escapada más famoso de todos, posteriormente llevado al cine por el director John Sturges bajo el título (en español) de “La gran evasión”. La epopeya protagonizada por aquellos hombres le ha servido de inspiración al economista Angus Deaton, premio Nobel de Economía en 2015, para titular su obra “The Great Escape: Health, Wealth, and the Origins of Inequality” (2013, Princenton University Press), traducida al castellano como “El Gran Escape…”. En su prefacio, el propio Deaton comienza haciendo un paralelismo entre la huida de un campo de prisioneros nazi y el ‘escape’ de la pobreza y de la falta de oportunidades protagonizada, entre otros, por su propio padre.

Deaton dedica su obra a explicar cómo ha sido posible a lo largo de la historia que las cosas hayan ido mejorando y, más concretamente, qué relación existe entre el progreso y la desigualdad. En definitiva, Deaton vuelca su saber en el estudio del problema de cómo escapar de “la pobreza, la privación y la salud precaria”. Sus conclusiones, respaldadas con datos, pueden resultar controvertidas, pero no están llamadas a pasar desapercibidas. Tal es el caso de la tesis descrita en el libro de que el progreso sería en realidad fruto de la desigualdad, uno de los ‘regalos’ de la civilización.

Amén de multitud de datos y reflexiones de calado, quien se asome a sus páginas descubrirá, quizás con asombro, que la preocupación por la justicia, cuya existencia en la actualidad nadie niega en el seno de una sociedad avanzada, podría haber tenido su origen en la imposibilidad material de almacenar comida que sufrieron durante milenios nuestros ancestros: compartir los restos sobrantes de un mamut recién cazado con otro grupo era la opción más razonable para obtener una contraprestación similar en caso de sufrir la mala suerte de no cazar otro en días venideros.

Los impuestos son, en cierto modo,  el trasunto actual de dicho ‘mamut’ originario: aquello que a uno le sobra puede, si es compartido con quien lo necesita ahora, la garantía de una futura contraprestación en caso de necesidad, algo de lo que nadie está nunca a salvo. La clave, sin embargo, sigue siendo la misma: la imposibilidad de acumular de un día para otro el sobrante resultante de una combinación cambiante de esfuerzo y suerte, distinta de lo que comúnmente denominamos ‘riqueza material’ o, más vulgarmente, dinero. Por tanto, ¿qué ‘mamut’ sería aquel que aún hoy en día debe ser ‘cazado’ cada día sin poder ser guardado para ser consumido más adelante? Podría haber varios candidatos a ‘ancestral paquidermo nutritivo’, pero si hay un ‘bien’ no acumulable, ése es la salud de cada uno. Pues bien, si como afirma Deaton, “sin una población educada y sin capacidad de gobierno –una estructura administrativa efectiva, núcleos de burócratas educados, un sistema estadístico y un marco legal bien definido y aplicado-, es difícil o imposible que los países suministren un sistema de salud apropiado”[1], sin una porción suficiente de impuestos no tendríamos nuestra ración de mamut, diligentemente servida por el correspondiente sistema sanitario de cada país, para cuando cada uno de nosotros (o sus descendientes o ascendientes) la necesite… Evadir impuestos equivaldría a no colaborar en la caza del mamut y nadie, aún hoy en día, ha descubierto cómo acumular ‘trozos’ de salud para cuando nos haga falta… de ahí que quien no estuviese dispuesto a compartir el suyo hoy no habría de albergar demasiadas esperanzas de que otros sí lo hiciesen con él (o ella) en el futuro.

En resumen: para escapar de la desdicha y el sufrimiento, lo mismo que para hacerlo de un campo de concentración, una de las enseñanzas que se desprenden del magnífico ensayo de Deaton es que no cabe hacerlo exclusivamente de modo individual. El éxito de una estrategia cooperativa no está asegurado en absoluto, pero el fracaso, en el supuesto de que llegue, al menos no nos pillará solos. Retomando el hecho histórico que inspiró a Deaton su título, conviene saber que, finalmente, Bushell no pudo escapar de sus perseguidores y acabó fusilado por orden directa de Hitler; sólo tres de los dos centenares de prisioneros involucrados en la huida lograron su objetivo, pero su azaña imperecedera nos muestra que, sea cual sea el resultado, cavar en grupo para lograr la libertad, lo mismo que cazar mamuts, merecerá siempre la pena.  Aunque sólo sea por si acaso…

[1]Deaton, A. (2013), “El Gran Escape. Salud, riqueza y los orígenes de la desigualdad”, Fondo de Cultura económica, p. 147.

 

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Pelayo Benito García, socio fundador de Osenseis y tutor en el área deMBA de IMF Business School

 

 

 

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Evadir impuestos equivaldría a no colaborar en la caza del mamut y nadie ha descubierto cómo acumular ‘trozos’ de salud para cuando haga falta.