IMF entrevista a Pascal Bruckner, escritor y filósofo francés protagonista del segundo ciclo de conferencias IMF-VIU

El pasado 26 de junio tuvo lugar un nuevo encuentro enmarcado dentro del ciclo de conferencias Por qué nuestros hijos vivirán mejor que nosotros organizado por la Universidad Internacional Valenciana (VIU) y el IMF Institución Académica, donde el periodista Arcadi Espada y el filósofo y novelista francés Pascal Bruckner debatieron acerca de los retos que nos plantea el futuro y cómo la negativa situación actual está incidiendo en nuestras sociedades.

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Como ya hiciéramos con Mark Stevenson, protagonista de la primera conferencia del ciclo (cuya entrevista puedes leer aquí), esta vez hemos tenido el privilegio de entrevistar Pascal Bruckner (París, 1948). El escritor francés, que ha publicado más de una veintena de libros y que está considerado como uno de los filósofos contemporáneos más prestigiosos, considera necesario revalorizar la idea del progreso para reafirmar la confianza en el genio humano frente a la desconfianza generalizada que se ha extendido en el pensamiento europeo y que afecta a todos los campos de la ciencia y de la técnica, acusados de destruir el medio ambiente. Con él hemos charlado sobre los desafíos futuros, la creciente tendencia europea al pensamiento catastrofista o el papel de la educación como motor del cambio social.

¡Esperamos que la disfrutéis!

Gozas de una carrera de éxito tanto como uno de los novelistas contemporáneos más reconocidos como uno de los más célebres intelectuales franceses. ¿No te parece que estas dos actividades son totalmente complementarias y constituyen, a fin de cuentas, la respuesta a un mismo impulso creativo?

Creo totalmente que se pueden combinar perfectamente filosofía y literatura, e incluso ser lo que los anglosajones llaman “un intelectual público”, que interviene en el debate de la calle.

En nuestra sociedad actual se ha impuesto un pensamiento catastrófico muy extendido; ¿puede ser esta presión social la causa de la infelicidad de tanta gente?

Esta tendencia catastrófica de nuestra sociedad actual ha determinado que nos dé miedo adueñarnos del curso de la historia. Hemos trasladado nuestros temores hacia el cambio climático o la polución para enmascarar el aislamiento de las sociedades occidentales. En otras palabras: la preocupación por el medio ambiente es universal, pero el malestar respecto al fin del mundo es algo típicamente occidental.

Es probable que nuestros lectores opinen que, teniendo en cuenta el mundo en que vivimos, pensar en el futuro de manera positiva es complicado. ¿Algún consejo para no perder la esperanza?

Deberíamos pensar en la actual crisis de Europa como una oportunidad, como una vía para el resurgimiento. Lo que nos está matando también puede salvarnos. Debemos analizar muy de cerca el origen de los males que afectan a nuestro continente para intentar no repetirlos en el futuro. Esta es la única manera de sobreponernos positivamente a este caos.

Desde tu punto de vista, ¿crees que la educación juega un papel relevante como instrumento para combatir este pensamiento catastrofista? ¿Cuál es la clave para incrementar su potencial?

La educación es esencial; da forma al pensamiento y nos brinda las armas necesarias para enfrentar la incertidumbre. En lugar de la típica pregunta ¿Qué mundo vamos a dejar a nuestros hijos?, deberíamos decir, más bien, ¿Qué hijos vamos a dejar al mundo del mañana?; ¿no deberíamos instruirlos para afrontar los desafíos del futuro en lugar de transmitirles nuestros temores, nuestra política de quejarnos constantemente? Esa es la principal cuestión.

En tu opinión, ¿cuáles son los principales retos que nos presenta el futuro? ¿Por qué consideras que nuestros hijos vivirán mejor que nosotros?

Nuestro principal desafío será conciliar el desarrollo con la preservación del medio ambiente. No podemos renunciar al crecimiento económico, pero tampoco al cuidado de la naturaleza. ¿Cómo alimentar a 7 billones de personas y garantizarles una vida aceptable sin destruir el equilibrio natural? Hay que proteger la naturaleza, pero también debemos protegernos nosotros de ella.

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