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El almacenamiento de energía: pieza clave de la transición energética

En el camino del abandono de los combustibles fósiles que tanto contaminan al planeta y el progresivo uso cada vez mayor de las energías limpias renovables, uno de los retos es el almacenamiento de energía, pieza clave de la transición energética. Esto es algo que   todavía se encuentra en investigación, pero debes saber que es uno de los puntos más importantes de cara a lograr el objetivo de las bajas emisiones. Actualmente, los contaminantes como el dióxido de carbono, que agravan el problema del efecto invernadero, empeoran el cambio climático y sus efectos sobre la población mundial.

Por ello, es tan necesario seguir progresando hacia la transición energética para utilizar fuentes de energía renovable como la eólica, la solar o la hidráulica. Ahora bien, el principal obstáculo que tienen todas ellas es que la electricidad que generan debe utilizarse en el momento. Es decir, no se puede guardar o reservar para su uso posterior, así que es imprescindible avanzar en la investigación para lograr más pronto que tarde esa posibilidad real de su almacenamiento. Descubre, a continuación, los aspectos clave que entraña todo este asunto.

El uso de energías renovables es una necesidad

Mientras cada año se van notando más las consecuencias nefastas del cambio climático en diversos hechos que están comprobados, cobra una mayor importancia la necesidad de progresar hacia una transformación. Esa en la que las energías renovables puedan sernos de utilidad para obtener la potencia energética demandada por cada vez más personas. Porque este podría ser otro problema añadido: caminamos hacia un incremento de la población mundial y ello implica mayores necesidades de electricidad. 

Por tanto, debemos conseguir no solo producir más energía, sino hacerlo de una manera limpia y sostenible, sin gases de efecto invernadero que suban la temperatura de la atmósfera. Hemos de evitar deshielo de los polos, con el aumento del nivel del mar derivado, la sucesión de tormentas torrenciales con huracanes que arrasan todo a su paso. También las prolongadas sequías que impiden los cultivos de alimentos. En general, la situación climática mundial es alarmante. No hay otra solución al grave problema que transformar la manera en la que producimos electricidad. Aunque en el sector de las energías renovables todavía existen ciertos obstáculos que hay que superar.

¿Por qué debemos almacenar la energía?

A barreras como el mayor coste o la menor potencia energética que se consigue con las renovables, si se comparan con el uso de los combustibles fósiles, hay que sumar el problema del almacenamiento. El sol no siempre brilla y el viento no siempre sopla en las zonas donde hay instaladas placas solares y torres eólicas. Por tanto, la generación de la energía es intermitente. Depende de factores incontrolables por el ser humano como los vinculados al clima. Si no podemos producir constantemente electricidad, disponer de la que almacenemos es clave.

De esa forma no faltaría el suministro eléctrico en los hogares y empresas cuando los rayos del sol no brillasen o cuando las rachas de viento no soplasen. Ahora bien, por el momento, no podemos almacenar energía con los sistemas que actualmente hemos implementado. Varios proyectos piloto y líneas de investigación siguen abiertos a ese respecto. De lograrse el objetivo, el sistema de almacenamiento sería muy útil para su integración en las estaciones de energías renovables como las que hemos citado.

El futuro de las energías renovables ¿hacia dónde va el sector?

Ventajas del almacenamiento

Es importante desacoplar la generación del uso energético inmediato para incrementar la disponibilidad de la energía; así se flexibiliza el sistema eléctrico y se favorece una mejor gestión de las redes. También el almacenamiento fomenta el autoconsumo, por ejemplo, con las placas fotovoltaicas, e incrementa la participación ciudadana en el cambio de modelo.

Soluciones con potencial

Un sistema energético seguro, limpio, renovable y eficiente será posible si finalmente logramos superar los obstáculos que enfrenta el despliegue de las tecnologías o soluciones para almacenar energía. Como puedes ver, las oportunidades que nos ofrecen son muchas.

Algunas líneas de acción se basan en analizar en profundidad las capacidades que tienen modelos como el mecánico (con centrales hidráulicas de bombeo). El térmico (con sales fundidas de centrales termosolares), el electroquímico (con baterías), el químico (con amoníaco, metanol, hidrógeno…).Y el eléctrico (con supercondensadores e imanes superconductores).

De todos esos, los más prometedores son los tres primeros citados, junto al del aire comprimido. Este último consiste en almacenar la energía con aire a altas presiones en depósitos naturales o artificiales bajo tierra. Cuando hay poca demanda energética procura mucha potencia y puede dar estabilidad a la red.

Por su parte, el modelo del almacenamiento térmico es útil debido a las tecnologías que actualmente tenemos. Permite guardar electricidad a escala de gigavatios con eficiencia e incluso resulta económico. Por otro lado, las baterías también son una tecnología clave muy necesaria. Han ido multiplicando su capacidad con el paso de los años. Y esta progresión se mantiene. Al mismo tiempo, cada vez son más económicas.

Los avances significativos van de la mano de las baterías recargables de iones de litio, que ya se utilizan mucho. Otras baterías son las de flujo rédox y los supercapacitadores. Aunque aún queda camino para su implantación definitiva. Por último, cabe destacar el uso del hidrógeno verde. Se trata de un gas que puede ser un gran aliado para el futuro de varios sectores, como el industrial o el del transporte pesado, que ahora emiten gases contaminantes.

Acciones para la transición energética e investigaciones en curso

En Europa se lanzó en 2017 la Alianza Europea por las Baterías para eliminar la dependencia tecnológica de terceros países y crear un ecosistema sostenible, competitivo e innovador en esta materia. También se están aprobando normas europeas que regulan el almacenamiento para la transición energética. Así como se está destinando dinero a la investigación para proyectos que van en esa misma línea. Los retos son conseguir baterías que no generen residuos contaminantes y que sean baratas. 

En conclusión, las acciones van a por el ya mencionado hidrógeno y los sistemas de bombeo. Al final, se trata de unir todas las opciones tecnológicas para una transición energética que se vea beneficiada e impulsada por el almacenamiento de la energía que generan las fuentes eólicas, solares, hidráulicas y otras renovables. ¡Te animamos a conocerlas ya en nuestro máster Online en Energías Renovables!

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