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El ego, gran enemigo del mejor liderazgo

Mucho se habla de liderazgo. Vemos rankings y listados de tipos de líderes y de cómo gestionar con ellos. Recursos Humanos sigue analizando y tratando de encontrar a los mejores para gestionar a sus equipos. Hay factores que nos muestran cuánto nos queda para llegar a ese estilo de liderazgo que realmente nos ayuda. Uno de ellos es el ego de la persona. Hoy vamos a tratar de entender cómo puede el ego apartarnos de ser un buen líder.

Lideramos tal y como somos

Liderar no es ponerse un traje y empezar a saber cómo gestionar equipos de personas. Solo de pensar en las relaciones humanas, debemos entender la gran dificultad que eso conlleva. Estamos hablando de no solo tratar con otra persona, sino de ser alguien que debe apoyar, inspirar y ser el guía. ¿Dónde enseñan a eso?

Ahora ya empezamos a asociar la palabra líder con lo que ha sido siempre un jefe, y así debe ser. Pero el concepto de “jefe” siempre ha cargado con una carga más bien negativa. Liderar trae como un aire fresco mucho más positivo. El que manda suele ir subido de ego y eso puede acarrear importantes problemas.

¿Qué es el ego?

El ego forma parte de nuestra conciencia, es en cierta forma la parte racional de nuestra conducta. Visto así es como bueno, pero si nuestro ego se crece, puede llevarnos a un exceso de narcisismo y soberbia. El conocido como ego malo, nos presenta a una persona egocéntrica, que se pone en el centro de la situación y que toma decisiones pensando más en si mismo que en los demás. La autoestima es buena, pero en la medida adecuada. Y es peligroso creerse por encima de otros, más si eres el líder.

La inseguridad es uno de los signos del ego subido porque existe la necesidad de darle más visión y ruido a lo que se dice o hace para que se aprecie y se reconozca. Se puede llegar a menospreciar lo que aportan otros. La empatía es algo que brilla por su ausencia, cuando el ego es el rey.

Ego, adiós

Si una persona es de una determinada manera, no va a cambiar porque se ponga al frente de un equipo. El ego que llevamos suele ser el enemigo número uno de la eficiencia para liderar. Nos aleja de las personas, de los objetivos y provoca numerosos problemas de relación con los demás. Dicen que o aportas, o aparta. Así que eso es lo que debemos decirle a nuestro ego. No es fácil pues lleva mucho tiempo ahí instalado. Pero cuanto más grande sea nuestro ego, más sensibles a los problemas.

El ego no es el enemigo en sí, pero debemos conocerle, trabajarlo un poco para entender su justa función. Si no es así, él es quien se apodera de nosotros y domina cualquier situación. Solemos darle mucho más poder del que necesita cuando nos descentramos. Y se nota cuando el líder se mira más a si mismo que a su gente. De hecho, se percibe entre ese líder y su equipo: relaciones difíciles y con muchas dificultades. No hay solidez ni sinergias porque hay mucho más conflicto.

Estamos acostumbrados a ambicionar el poder, a querer llegar a lo más alto, a aspirar al éxito tal y como lo hemos visto en las películas, en lo que nos enseñaron. Cuanto más tuvieras, cuanto más consiguieras dentro de la organización, cuanto más escalaras, más posibilidades tenías de que el ego hiciera de las suyas. El problema es cuando esto no es lo que preocupa a la organización. Porque el foco ha estado en las funciones, no en la persona.

Si el ego nos hace ser alguien más desequilibrado, ¿cómo una empresa puede pensar que vamos a poder liderar a otras personas? Podemos caer en trampas que pongan en tela de juicio incluso nuestros propios valores. Podemos perder el control, ser manipuladores o quedarnos con parte del problema o situación y no ser objetivos. De esta manera, el ego nos empuja a ir solo hacia la parte del camino que le beneficia, con lo que seguiremos enrocados en algo que nos hará sentir peor y no desencalla nada. El ego hace que oigamos y veamos solo lo que él quiere: la realidad distorsionada.

¿Cómo trabajar con el ego para ser mejor líder?

Escucha. Parece sencillo, pero haz la prueba. Deja de mirar hacia lo que tú piensas y crees y escucha más a tu equipo. Tu ego quizás se desconcierte al inicio, pero es una buena práctica. Acércate a esas personas que pueden inspirarte, que no se fijan tanto en su ego y buscan la sinergia con los demás. Ten confianza para aportar lo que realmente necesitas y piensas, di las cosas que crees, sin tener tanto en cuenta el posible reconocimiento. Sé humilde y piensa que el éxito es algo construido por todo el equipo. Agradece a cada una de las personas, no sabes cuánto te aleja esto del ego y te ayuda a acercarte a los demás.

Trabaja la empatía porque te conectará con los demás y mostrará tu interés por ellos. Trabaja el autoconocimiento para identificar las partes de tu persona que debes fortalecer y mejorar, escúchate para entender qué es lo que te motiva y qué te duele más.

Las personas tenemos diferentes estados de ánimo y debemos poder contar con el resto del equipo para compartir, para apoyarnos y hablar de lo que pueda suceder. Es importante poder contribuir a que nuestro liderazgo no gobernado por el ego impulse el éxito de los demás.

¿Ya sabes cómo vas a gestionar tu ego para ser mejor líder?

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Especialista en Employer Branding y asesora de Gestión del Talento en las empresas. Apasionada de la comunicación, las personas y cómo potenciar sus habilidades. Su objetivo es conectar a las personas en su entorno de trabajo.

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